Hablar de intentos de suicidio no es fácil, a nadie le enseñan en la escuela básica qué hacer en estos casos o cómo hablar del tema. Conozco a estudiantes de psicología que batallan con este tema porque es difícil entender la genuina desesperación de una persona que ya no quiere vivir. Aun así, podemos estar atentos a las señales de alerta y buscar ayuda de un profesional cuando nosotros no podamos darla.

¿Cómo puedes saber cuándo una persona está pensando en suicidarse?
La depresión sin duda es un agravante en estos casos, es mucho más probable evaluar el propósito de tu vida con unos lentes negativos. Es muy común considerar en algún punto el suicidio, casi todos lo hemos hecho pero la diferencia está en cómo lo consideramos. Hablar del tema no le va a “dar ideas”, en realidad puede ser una gran oportunidad para pedir ayuda. La mayoría de las personas que han intentado suicidarse reconocen que en el fondo quisieran ser salvados. La clave está en mantener la calma, no le des señales de sorpresa y mucho menos de desaprobación. Si no sabes qué decirle, es mucho mejor darle un abrazo sincero y reconocer: “No sé qué decir, pero te voy a a ayudar para que estés bien”. Así demuestras que lo estás tomando en serio.

Señales de peligro
Esta es una lista de señales que pueden indicar que tu ser querido está verdaderamente deprimido y existe el riesgo de un posible suicidio:

- Cambios en la personalidad, manifestación de tristeza, retraimiento, irritabilidad, ansiedad, indecisión, apatía.
- Alteraciones en el comportamiento: falta de concentración en la escuela, en el trabajo o en las tareas rutinarias.
- Modificación de los patrones de sueño: dormir de modo exagerado o insomnio.
- Cambios en los patrones de alimentación: pérdida del apetito y de peso, o aumento exagerado del apetito.
- Pérdida de interés en los amigos, en los encuentros sexuales y en las actividades en las que participaba antes.
- Preocupaciones sobre dinero y enfermedades (reales o imaginarias).
- Temor de perder el control, de volverse loco, de dañarse a sí mismo o dañar a otros.
- Sentimientos abrumadores de culpabilidad, vergüenza y odio a sí mismo.
- Pérdida de esperanza en el futuro: “las cosas nunca mejorarán, siempre me sentiré igual”.
- Consumo de alcohol o drogas.
- Pérdidas recientes: por muerte, divorcio, separación, término de una relación, trabajo, dinero, condición social, confianza en sí mismo, autoestima.
- Pérdida de la fe.
- Impulsos y planes suicidas: desaparición de pertenencias favoritas, previos intentos o señales de suicidio.
- Inquietud, hiperactividad y agitación pueden ser indicaciones de una depresión.
¿Por qué buscar terapia?

Muchas personas nos llegamos a sentir renuentes a ir con un psicólogo y más con un psiquiatra. Todos conocemos alguna mala historia con terapia experimental o efectos secundarios de los medicamentos. Sin embargo, la cosa está así:
- Una terapia se trata de pedir ayuda cuando tú no puedes dártela. La meta de una terapia no es lavarte el cerebro, más bien es buscar dentro de ti las herramientas necesarias para que salgas de tu problema por tus propios medios. Si no tienes las herramientas, se te guía para que las desarrolles. Si sientes que tu terapia no está logrando este propósito, busca un enfoque diferente hasta que te sientas cómoda.
- En caso de que te cause conflicto tomar un medicamento, piensa que si fuera cualquier otra enfermedad lo tomarías sin chistar. Muchos antigripales te producen sueño y no por eso dejas de ingerirlo. Cuando un psiquiatra te da un medicamento es porque tu cerebro lo necesita. Tu cerebro también está pidiendo ayuda porque no es capaz de producir todo lo que realmente necesita.

Si eres tú quien está experimentando los síntomas, no dudes en pedir ayuda.