Así aprendí a sobrellevar mi fobia a los tiburones; no es fácil, pero tampoco imposible

Hace unos días te platiqué de mi fobia a los tiburones, ¿recuerdas? Sí, esa que “adquirí” cuando fui de vacaciones a la playa con mi familia. Ese miedo irracional se volvió una pesadilla hasta que decidí aprender a sobrellevar mi fobia, porque mentiría si te digo que ya la vencí. La verdad es que no ha sido fácil, pero tampoco imposible. Si tienes una fobia, quizá estos consejos te sirvan.

El recuento de los daños

Por si no lo recuerdas bien, aquí vamos de nuevo. Cuando tenía unos 7 años de edad viajé con mi familia a Cancún, Quintana Roo. El paseo incluyó un tour marino que concluyó en Isla Mujeres. En ese lugar había un tiburón gato en exhibición (lo que se me hace muy triste), el cual mis hermanas postizas de viaje quería conocer en mi compañía. Sí, en el paseo conocimos a una familia de Venezuela que nos “adoptaron” a mi hermano y a mí. De modo que mi familia me dijo que no fuera grosera con las chicas, de modo que terminé acompañándolas. Sin embargo, el encuentro con el mamífero marino no fue de mi agrado.

Ansiosa e incómoda

Esa experiencia me marcó debido a que no canalicé bien lo ocurrido porque me aferré a los “negativo”, que en este caso fue ser obligada a hacer algo que no quería. No quería ver de lejos ni mucho menos de cerca al tiburón, tampoco quería entrar al área en la que se encontraba y mucho menos quería tocarlo. Todo eso generó que me sintiera ansiosa e incómoda.

Años de terror

Puedo decir que mi infancia y niñez fueron hermosas, pero esta fobia siempre me persiguió. Me era imposible ver imágenes de tiburones, ya fuera en la televisión, publicidad o juguetes. Y en la década de los noventa había un par de películas que pasaban una y otra vez en la televisión. ¿De cuáles crees que te hablo? ¡Bingo, Tiburón 1, 2, 3 y todas esas! Creo que está de más decirte que eso sólo empeoró mi fobia, ya que esos filmes sólo consiguieron una cosa: etiquetar a estos animales como asesinos. Mi hermano y hermanito se aferraban a ver las películas porque les gustan, pero también para molestarme. Mis hermanas les pedían que no hicieran eso, pero como buenos hermanos, nunca hicieron caso.

Al crecer

Conforme fui creciendo mis actividades cambiaron, excepto mi gusto por el mar y la playa. Sin embargo, le gané miedo al mar, aunque prefiero decir que es respeto. Eso generó que sólo me metiera a la orilla del mar y optara por dar paseos en la costa, lo cual hago hasta ahora. Me he vuelto a subir a embarcaciones, pero al ver el mar me entra angustia. Llegó un momento en el que pensaba en los tiburones incluso al meterme a bañar, ¡pero sabemos que es imposible que uno de estos animalotes aparezca en la ducha! Irónicamente, antes de que mi fobia surgiera, una manera para dejar ir mis tristezas era bañándome, ya que es un consejos que me dieron mis hermanas cuando estaba pequeña.

Años universitarios

Durante la universidad seguía con mi fobia, pero algunos compañeros no me creían y me hacían “bromas”. Recuerdo que en uno de los rumbos por los que pasaba al salir de la escuela estaba la publicidad de un restaurante de mariscos. ¿Cuál crees que era la imagen del lugar? ¡Exacto! Un tiburón. Sin embargo, en ese punto de mi vida decidí que era momento de tomar mi fobia por los cuernos.

¿Qué hice con mi fobia?

Te haré una lista de las cosas que fui haciendo. Algunas me llevaron más tiempo que otras, pero fui paciente y me centré en mi meta: hacerle frente a mi fobia y aprender a sobrellevarla.

  1. Análisis. Me puse a “escarbar” para saber de dónde venía la fobia. ¿Por qué? Porque a veces la mente nos juega bromas o simplemente actúa como un mecanismos de defensa.
  2. Segunda canalización. Ya que sepas el origen de la fobia, procesa bien las cosas con la finalidad de que canalices las cosas de manera correcta. Esto te preparará para el segundo paso.
  3. Confrontación. Sí, aunque tengas los pelos de punta, afronta lo que te da miedo. En mi caso, empecé a “ver” documentales sobre los tiburones.
  4. Contra pensamientos negativos. En el punto anterior te dije que empecé a saber sobre los tiburones. Esto me ayudó a evitar los pensamientos negativos y hacer empatía con ellos. De hecho, me conmocionó saber que al año son asesinado aproximadamente 100 millones de tiburones. ¿Por qué? Para obtener sus aletas y hacer comidas. Lo cruel, lo más cruel, es que son regresado al mar, donde mueren al no poder moverse.

Trabajo continuo

Te mentiría si te digo que ya superé esta fobia. Sin embargo, me controlo y no permito que mi fobia me afecta en diversos aspectos de la vida. Por ejemplo: mi amor al mar y la playa. Aunque no me meta y nade con la sirenita, sigo yendo. Sigo subiendo a embarcaciones porque me gusta conocer lugares. Mi consejo es que hagas una balanza de todo lo que te puedes perder por tener una fobia y pregúntate si de verdad vale la pena. La respuesta será no, y por lo tanto tienes que ser valiente para tomar las riendas de tu vida y esa fobia.

Sí, amo a los animales, pero esto me hizo tenerle fobia a los tiburones

A estas alturas, estoy segura de que ya sabes que me encantan los animales. Lo que no te he contado es que le tengo fobia a aquellos pececitos que tienen de 5 a 15 filas de dientes en cada mandíbula. ¿Sabes de quiénes te habló? ¿No? Bueno, ¡de los tiburones! No creas que este sentimiento surgió por las películas de estos mamíferos marinos, porque el verdadero motivo es…

La sorpresa del verano

Todo se remonta a cuando tenía 7 años de edad, aproximadamente. Ese verano mi mamá nos dio una excelente noticia: pasaríamos parte de las vacaciones en Cancún, Quintana Roo. Como era de esperarse, estaba más que emocionada porque siempre me ha gustado el mar. Así que la idea de ir a un lugar con muchas playas se me hacía de los más maravilloso.

Viaje en marcha

Cuando finalmente salí de vacaciones, de inmediato hicimos las maletas para emprender el viaje. Éste no fue largo, ya que de Mérida, Yucatán, a Cancún se hacen unas tres horas. Sin embargo, como cualquier niña emocionada, a cada rato preguntaba si el destino estaba cerca. Para que te hagas una idea, yo era como Burro de la película Shrek, en esa escena que siempre preguntaba: “¿Ya mero llegamos?”, “¿ya merito?”.

Playa y más playa

Nuestra primera parada fue en nuestro majestuoso hotel; es decir, la casa de la prima lejanísima de mi madre. Tras instalarnos, salimos a conocer la zona y algunas plazas. Pero mi parte preferida fue cuando llegamos a la primera playa. Según mis recuerdos, el agua se veía hermosa y el clima estaba de 10. Ohhh, y la arena, ¡ni que decir!

Problemas de salud

Hasta ese momento, el viaje era increíble. Por lo general, me la pasaba con mi hermano mayor, ya que mi hermanito estaba delicado de salud. De hecho, eso ocasionaba que mi madre y mis dos hermanas centrarán su atención en él. A mi hermano y a mí no nos molestaba, ya que entendíamos la situación y sólo teníamos algo en claro: había que disfrutar las vacaciones. ¡Y vaya que lo hicimos!

Viaje en lancha

Como si ir de vacaciones no fuera suficiente, mi madre nos dio otra sorpresa: haríamos un tour marino, cuyo destino final era Isla Mujeres, ahora mejor conocida como Dolphin Discover. Como te imaginarás, nuestro medio de transporte fue una lancha. Además de mi familia, en la embarcación iban tres familias más; una de ellas venezolana, cuyo hijo menor tenía la misma edad que mi hermano. En tanto que sus dos hijas tenían casi la misma edad de mis hermanas, quienes son 10 años más grandes que yo.

Haciendo amigos

En aquellos días, mi hermano era una persona muy sociable, así que terminó haciéndose amigo del niño venezolano. Todo el recorrido estuvieron juntos y participaron en todas las actividades. Mi familia supervisaba a mi hermano, pero se limitaba para algunas cosas, a fin de cuidar a mi hermanito. Y si te preguntas qué pasaba conmigo. Bueno, en esos días tenía mi encanto y eso me ayudó a tener por ese día cuatro hermanas; sí, las mías y las dos venezolanas, así que éstas últimas me ayudaban a adentrarme en el mar.

Resignada y asustada

Finalmente, llegamos Isla Mujeres, donde había muchos “atractivos”. ¿Cuál crees que era uno de ellos? Pues sí, un tiburón bebé en exhibición. Recuerdo que sabía qué era ese animal, pero simplemente no sentía curiosidad de verlo. Sin embargo, las chicas venezolanas me insistieron en acompañarlas a conocerlo, a lo que dije “no”. Pero mi familia me dijo que no debía ser grosera y descortés, luego de que ellas habían sido muy lindas conmigo. Resignada, con las venezolanas me adentré al área restringida y ahí se encontraba aquel animal: un tiburón gato.

La marca de mi infancia

Lo peor no fue estar ahí con el tiburón, sino que, como era de las pequeñas,  todas las personas me cedieron el paso para que lo observara de cerca. Pero sobre todo, que lo acariciara, cuando era lo último que quería hacer. Sólo recuerdo que su piel era muy babosa y que sus bigotes eran enormes. De modo que sólo quería salir de ese lugar. Como te darás cuenta, el animal no me hizo nada, pero esa “convivencia” fue suficiente para que me quedara con un trauma de por vida.

¿Una fobia?

Sí, así es. Las fobias no son trastornos psiquiátricos, sino trastornos psicológicos. Y de acuerdo con un manual de trastornos mentales, “una fobia es un temor persistente, excesivo o irracional que se desencadena por la presencia o anticipación de un objeto o situación específicos”. Una de mis hermanas es psicóloga y, aunque no debe evaluarme, me dijo que lo que me ocurrió fue que no canalicé bien lo que pasó y desaté una fobia.

Buena actitud

Tal vez esta anécdota no sea tan bonita, pero lo positivo es que he “aprendido” a vivir con mi fobia. Lo que quiere decir que si tienes una fobia, puedes hacer lo mismo. ¿Qué cómo lo logré? Bueno, eso tendrás que descubrirlo en el siguiente texto que te haga. Te prometo que te ayudará.