Todo lo que me hubiera gustado que me enseñara mi madre hace mucho tiempo

A pesar de que he tenido una buena relación con mi madre, debo reconocer que hubo algunas cosas que hubiera preferido que me dijera desde hace mucho tiempo. Tal vez no tocaba esos temas conmigo por pena o porque no tenía idea de cómo hacerlo. Sin embargo, cuando trató de explicarme varias cosas, ya era algo tarde porque ya las había experimentado, ya me había dado un buen trancazo o ya las había tenido que aprender yo a modo de sobrevivir.

No te quedes con el primer hombre que te prometa que te bajará la luna y las estrellas

Tal vez eso ni siquiera lo sabía mi madre, pues ella misma lo hizo. Durante mucho tiempo se quedó con un hombre que no amaba tanto, sólo por miedo de estar sola. Luego llegó mi padre y esa ya es otra historia. Pero nunca me advirtió sobre eso, sobre que no debo escuchar ciegamente las palabras de un chico. Antes de decidir quedarme con el primer chico que me diga que me ama, debo conocer a muchos chicos. Así me daré cuenta de que todos son diferentes, que algunos tienen buenas intenciones y otros no tanto. Para cuando me di cuenta de eso ya había sufrido una terrible decepción.

Aprende a conocer tu cuerpo

Hubiera preferido que mamá me dijera hace mucho tiempo que lo primero, para tener una vida sexual exitosa, es conocer mi propio cuerpo antes que el de otro. Si yo conozco mi cuerpo, sabré qué me gusta y cómo. Obviamente eso lo supe después de haberme metido con el primer chico. Fue hasta ese momento que decidí conocerme a fondo.

Antes de irte a vivir con alguien, vive sola

Tal vez por la forma en que mi madre fue educada, creyó que para que tuviera estabilidad en todos los aspectos, lo mejor era vivir con alguien más. Así esa persona me ayudaría y me protegería en todo momento. Sin embargo, no siempre resulta tan bueno como parece. Si de verdad queremos que funcione algo con alguien, la mejor opción es vivir primero sola y ya después compartir el tiempo y las experiencias con el otro.

No gastes todo el dinero que tengas en tus antojos, aprende a ahorrar

Si es bueno de vez en cuando gastar en esa blusa que tanto te gusta o en esa hamburguesa que se te ha antojado. Incluso en esos hobbies que tenemos, pero lo principal es saber administrar el dinero. Si no ganas mucho, no debes gastar más de lo que puedas pagar. Y de hecho, aunque ganes mucho, debes saber administrar tu dinero y no querer terminar con todo lo que te pagan cada quincena.

He comprobado que me estoy convirtiendo en mi madre

Cuando nacemos, nuestros padres nos dicen que nos parecemos mucho a ellos. Incluso la familia o amigos cercanos aseguran que nos parecemos a nuestra madre o a nuestro padre. Bueno, una cosa es parecerse físicamente, pero qué pasa cuando eso va más allá de lo físico. Nos guste o no, llega un punto en el que podemos ser idénticos a nuestro padre o madre, en la forma de hacer las cosas o en nuestras actitudes. Por ejemplo, yo me he dado cuenta que me estoy convirtiendo en mi mamá. No porque sea igualita a ella físicamente, sino porque mis comportamientos son similares a los de ella. ¿Te ha pasado?

No quiero ser como ella

Recuerdo que desde que era pequeña, siempre había dicho que no quería parecerme a mi mamá. Cuando me decían que me parecía a mi padre, levantaba la frente orgullosa. En cambio, cuando me decían que me parecía a mamá, me enojaba y no quería aceptar algo que es una realidad. Eso no quiere decir que no ame a mi madre o que no la admire, es todo lo contrario; pero también debo reconocer que hay muchas ocasiones en las que no me gustan sus actitudes y tal vez por eso es mi rechazo a parecerme a ella más allá de lo físico.

Sí, ella me enseñó todo lo que sé

Sin menospreciar la labor de mi padre, debo reconocer que mi madre ha sido quien más ha estado conmigo. Ella me enseño a decir mis primeras palabras, fue quien me enseñó a leer y escribir. Fue quien me motivó para aprender a caminar o andar en patines. Ella es quien sabe cuando algo va mal en mi vida, incluso cuando no se lo digo. Me ha enseñado que es mi gran confidente y amiga; además de una gran madre. Así es, me ha enseñado mucho, pero también he aprendido a conocer el lado oscuro de ella. Ese lado que pocos hijos se atreven a aceptar y reconocer en sus madres. Yo he aprendido que mi madre no es perfecta y en eso radica el gran amor que nos tenemos. Sin embargo, debido a eso es que no quiero ser tan igual a ella.

Destino inevitable

La realidad es que aunque no me guste a mí o a ti, llegará un punto en el que nos pareceremos mucho a nuestras madres. Así es, me estoy convirtiendo en mi madre porque ahora en lugar de llevarle la contra, he comenzado a comportarme como ella. Esa información está avalada por el Dr. Julian De Silva, quien publicó el estudio en el periódico británico The Mirror. Para esos hombres que han comenzado a burlarse, deben saber que al llegar a los 34 años, les pasará igual, pero siguiendo el ejemplo de papá.

Lo único que puedo decir como palabras reconfortantes, es que hay que recordar que papá y mamá han sido nuestro apoyo toda la vida y algo tenía que quedarse con nosotros.

¿De dónde salieron mis mantras? ¡Pues de los mejores consejos de mi madre!

Cuando era más joven, creía que mi madre sólo quería sobreprotegerme. Cada vez que quería hacer algo me decía “no te quieras comer el mundo”. Admito que a veces ignoraba esa frase e iba por mi lado. Pero con el paso de los años comprendí que mi mamá me decía las cosas porque me ama, y porque sus 61 años de edad la avalan. Aunque he aprendido, y sigo aprendido, muchas cosas de ella, hice una lista de sus consejos más sabios, los cuales se han convertido en mis mejores mantras.

“Si no haces las cosas, nadie las hará por ti”

Cada vez que la flojera se apodera de mi cuerpo recuerdo esto, acompañado de la voz y cara de mi madre. Ella siempre me ha dicho que la iniciativa marca la diferencia. Y desde que era pequeña me alentaba a ir por lo que quería, ya que “nada llega en bandeja de plata”. También me contaba sus historias; por ejemplo: lo arduo que trabajó para ser enfermera y darles una mejor vida a mis hermanas. Así que, madre, ¡ahí voy!

“Nunca digas que no puedes”

Todas las personas tenemos crisis y momentos en los que pensamos “ya no puedo”. Admito que en los últimos meses esa idea ha cruzado por mi mente, pero entonces llega la voz fuerte y firme de mi madre que me dice: “Nunca digas que no puedes”. Digamos que en mi familia aplicamos la de “el poder de la mente”. Con esto me refiero a que atraemos lo que pensamos. Por eso mi mamá siempre me dice que diga que sí puedo, ya que de lo contrario yo misma me bloqueo, me pongo barreras. Y eso es lo que hago, me dijo: “Alicia, claro que puedes”. “Alicia, eres una chingona (o algo así)”.

“El que mucho abarca, poco aprieta”

Admito que a veces quiero hacer más de una cosa a la vez y me vuelvo un poco loca, al grado de que se altera la colitis. Pero, cual terca, voy con mis quinientos asuntos y pendientes. Claro, como cualquier persona, llega un punto en el que siento que voy a estallar y me digo: “Alicia, tranquila”. Acto seguido: le doy prioridad a las cosas importantes y suelto el resto.

“No temas equivocarte, pero aprende de tus errores”

Mientras algunas madres quieren que no metas la pata, la mía me dice: “Ve y luego me dices cómo te fue”. Porque sí, mi madre me ama y sabe que a veces necesito darme de golpes para aprender. Aunque la vida me ha tratado bastante bien, el par de cachetadas que me ha dado me enseñó dos cosas importantes: de lo que soy capaz y a levantarme. Y eso es lo bonito: aprender y aprender, porque la vida es eso: un constante aprendizaje.

“Enfrenta los problemas, no los evadas”

“No hay de otra, ponte tus chonitos y afronta las cosas”. Y por más duro que sea, así tiene que ser: hacerle frente a los problemas. Esta lección me quedó más que clara cuando tuve mi primer trabajo formal. Mi madre siempre me decía: “Haz las cosas como deben ser y habla de frente, aunque eso implique que no seas del agrado de toda la gente”. Y sí, las cosas no siempre salieron del todo bien, pero sabía que había sido fiel a mí misma.

“Piensa mal y acertarás”

Siempre digo que mi mamá tiene un sexto sentido o es bruja porque tiene voz de profeta: todo lo que dice que pasará, pasa. La realidad es que mi madre me dice que uno tiene que aprender a fijarse en las cosas. Tampoco debo confiar en todas las personas. Y sí, esta es una lección que aprendí a la mala. En mi anterior trabajo hice “amigos”, que al final me dieron una puñalada por la espalda más de una vez. Lo bueno: despertó mi sexto sentido, así que tengan cuidado.

“Valórate”

En el tema de los chicos, mi madre siempre me dice que me valore, porque sólo así me valorarán. Y sabes que el tema del amor es muy complejo, ya que puede haber muchos corazones rotos. Con el paso de los años aprendes que debes tener amor propio, porque sólo así recibirás amor verdadero. Digamos que mi mantra es así: “Me amo, me valoro, me respeto. Quien no me ame, no me valore y no me respete se puede ir a la…”.

 “La vida te da lo que necesitas, no lo que quieres”

Este mantra es muy poderoso. A veces nos aferramos, me aferro, a cosas, situaciones y personas que por algún motivo ya no deben o pueden continuar en mi vida. Cuando eso ocurre, lo más importante es que aprecies tu presente, lo que estás viviendo ahora.