Por qué no es buena idea querer ser la mejor amiga de tu hija

En el afán de tener una buena relación con sus hijas, las madres comienzan a ser mejores amigas de sus hijas. Esto puede ser beneficioso en algunos aspectos, en otros es muy perjudicial. Con ello no quiero decir que no puedes ser la amiga de tu hija, pero siempre debes respetar ciertos límites si no quieres meterte en aprietos. ¿Aún no estás convencida? Te diré por qué…

Podrían olvidar que tú eres la madre y ella la hija

Durante un tiempo ambas se sentirán cómodas al compartirse muchas cosas. Conforme avanza el tiempo, esta convivencia comienza a borrar los límites que hay entre ambas. Para tu hija te conviertes en una amiga más con la que puede platicar, pelear y divertirse, pero no eres una figura de autoridad. Por tanto, ella podría comenzar a tener actitudes irrespetuosas contigo o rebasar cada vez más los límites que tanto tu pareja como tú le imponen.

Hay cosas privadas que no quieres saber

Por experiencia, puedo decirte que si tu mamá es tu mejor amiga se cuentan de todo. Al inicio se siente bien, pues tienes una confidente que siempre está para ti. No obstante, en algún punto se cuentan cosas que la otra no debería saber. Por ejemplo: hablan de los problemas de su matrimonio, tú hablas de los problemas que tienes con tu novio, las cosas que haces en una fiesta, etc. En consecuencia ambas se enteran de cosas un poco incómodas y que crean mucha tensión.

 Ambas pueden cambiar su percepción de la otra

En algún momento, saber tantas cosas privadas de la vida de tu madre o de tu hija hace que su relación se torne incómoda. En algunas ocasiones no sabrás qué decir ante lo que te cuentan.  Si eres la hija, te sentirás incómoda al ver la mirada de desaprobación de tu madre. Además, como madre tienes que corregir las conductas inapropiadas de tu hija y ella no reaccionará de la mejor forma.

7 cosas que nunca debes decir a quienes deciden adoptar

Ser padres es algo que muchas parejas y personas solteras buscan en algún punto de su vida. No obstante, muchas de ellas tienen problemas de fertilidad o algún padecimiento que no les permite ser padres de forma biológica. En  consecuencia, recurren a la adopción, lo cual es una decisión positiva en muchos aspectos. No obstante, siempre se escuchan cosas desagradables por parte de personas muy impertinentes.

“¿No quieres un hijo propio?”

Es cierto que hay personas atraídas por la idea de la adopción antes de la concepción. Sin embargo, la mayoría de personas que adoptan lo hacen por la imposibilidad de concebir. Por tanto al preguntar eso eres cruel e insensible, mejor resérvate tus comentarios.

“Ya verás cómo te embarazas en poco tiempo”

Aún no entiendo si al decirte eso intentan disuadirte de adoptar o intentan consolarte. Sin embargo si una persona ya ha decidido adoptar, lo correcto es respetar su decisión. En ese sentido si no estás de acuerdo, por lo menos no emitas comentarios negativos al respecto.

“¿Cuán costoso es el procedimiento?”

Tal vez tengas mucha curiosidad, pero esa pregunta generalmente se hace por morbo. En consecuencia si los futuros padres no lo menciona, abstente de preguntarlo por favor. Tal vez esta pregunta sea válida si tú piensas hacer algo similar.

“Conozco a alguien que lo hizo y se arrepintió”

Adoptar es un proceso largo y en ocasiones muy complicado. En consecuencia algo que necesitan los futuros padres es apoyo y comprensión. Por nada del mundo quieren escuchar las malas experiencias de los demás, recuerda que ellos lo están viviendo. Mejor siempre ten comentarios alentadores y positivos para ellos.

Una de las peores cosas es: “yo también he pensado en adoptar”

 Es cierto que tal vez algunas personas lo han considerado como una posibilidad. En consecuencia al platicar con parejas que lo están haciendo cambia su perspectiva. Sí sólo lo haces para quedar bien o llamar la atención, deberías pensarlo dos veces.

Cómo ser madre me ha hecho una mujer más fuerte

Cuando eres madre tu vida cambia totalmente, ahora eres responsable de una persona y su formación. Cada cosa que esa pequeña persona haga afectará la vida de muchas personas. En consecuencia puede llegar a asustar la idea de tener un bebé. En este sentido nadie nos dice cómo ser madres, pero tampoco nos dicen que nos hará mujeres más fuertes, seguras e independientes.

Aprendes día con día

Cuando tienes hijos jamás dejas de aprender en todos los ámbitos posibles. Sobre todo cuando comienzan a ir la escuela. En esos momentos comienzas a enterarte de muchas cosas. Así mismo repasas las lecciones que viste en la escuela. También adquieres habilidades nuevas porque vas creciendo a la par de tu pequeño. ¿No es increíble?

Cómo ser madre me ha hecho más fuerte: al ver por otros

Uno de los instintos que más desarrollamos al ser madres es la empatía. En este sentido podemos mantenernos saludables tanto emocional como físicamente y a la vez cuidar la estabilidad de otros. Esto no sólo se reduce a nuestra familia, sino también apoyamos a otras madres que pasan por la misma situación.

Eres una experta en todo

Conforme tu pequeño va creciendo, tienes que hacer más tareas en menor tiempo.  En consecuencia, adquieres la habilidad de hacer distintas tareas a la vez. Incluso pueden ser muy distintas entre sí, esto tiene una explicación biológica. En este sentido para asegurar la supervivencia del bebé la madre debe cubrir distintos aspectos a la vez sin descuidarlo.

Desarrollas tu inteligencia emocional

Crear conexiones emocionales con tu hijo hace que tu cerebro desarrolle más conexiones neuronales. En consecuencia, eres más perceptiva en todo sus sentidos. Esto te permite estar más alerta y cuidar adecuadamente a tu pequeño. En este sentido eres capaz de prevenir problemas y también de encontrar soluciones con más facilidad.

¿De dónde salieron mis mantras? ¡Pues de los mejores consejos de mi madre!

Cuando era más joven, creía que mi madre sólo quería sobreprotegerme. Cada vez que quería hacer algo me decía “no te quieras comer el mundo”. Admito que a veces ignoraba esa frase e iba por mi lado. Pero con el paso de los años comprendí que mi mamá me decía las cosas porque me ama, y porque sus 61 años de edad la avalan. Aunque he aprendido, y sigo aprendido, muchas cosas de ella, hice una lista de sus consejos más sabios, los cuales se han convertido en mis mejores mantras.

“Si no haces las cosas, nadie las hará por ti”

Cada vez que la flojera se apodera de mi cuerpo recuerdo esto, acompañado de la voz y cara de mi madre. Ella siempre me ha dicho que la iniciativa marca la diferencia. Y desde que era pequeña me alentaba a ir por lo que quería, ya que “nada llega en bandeja de plata”. También me contaba sus historias; por ejemplo: lo arduo que trabajó para ser enfermera y darles una mejor vida a mis hermanas. Así que, madre, ¡ahí voy!

“Nunca digas que no puedes”

Todas las personas tenemos crisis y momentos en los que pensamos “ya no puedo”. Admito que en los últimos meses esa idea ha cruzado por mi mente, pero entonces llega la voz fuerte y firme de mi madre que me dice: “Nunca digas que no puedes”. Digamos que en mi familia aplicamos la de “el poder de la mente”. Con esto me refiero a que atraemos lo que pensamos. Por eso mi mamá siempre me dice que diga que sí puedo, ya que de lo contrario yo misma me bloqueo, me pongo barreras. Y eso es lo que hago, me dijo: “Alicia, claro que puedes”. “Alicia, eres una chingona (o algo así)”.

“El que mucho abarca, poco aprieta”

Admito que a veces quiero hacer más de una cosa a la vez y me vuelvo un poco loca, al grado de que se altera la colitis. Pero, cual terca, voy con mis quinientos asuntos y pendientes. Claro, como cualquier persona, llega un punto en el que siento que voy a estallar y me digo: “Alicia, tranquila”. Acto seguido: le doy prioridad a las cosas importantes y suelto el resto.

“No temas equivocarte, pero aprende de tus errores”

Mientras algunas madres quieren que no metas la pata, la mía me dice: “Ve y luego me dices cómo te fue”. Porque sí, mi madre me ama y sabe que a veces necesito darme de golpes para aprender. Aunque la vida me ha tratado bastante bien, el par de cachetadas que me ha dado me enseñó dos cosas importantes: de lo que soy capaz y a levantarme. Y eso es lo bonito: aprender y aprender, porque la vida es eso: un constante aprendizaje.

“Enfrenta los problemas, no los evadas”

“No hay de otra, ponte tus chonitos y afronta las cosas”. Y por más duro que sea, así tiene que ser: hacerle frente a los problemas. Esta lección me quedó más que clara cuando tuve mi primer trabajo formal. Mi madre siempre me decía: “Haz las cosas como deben ser y habla de frente, aunque eso implique que no seas del agrado de toda la gente”. Y sí, las cosas no siempre salieron del todo bien, pero sabía que había sido fiel a mí misma.

“Piensa mal y acertarás”

Siempre digo que mi mamá tiene un sexto sentido o es bruja porque tiene voz de profeta: todo lo que dice que pasará, pasa. La realidad es que mi madre me dice que uno tiene que aprender a fijarse en las cosas. Tampoco debo confiar en todas las personas. Y sí, esta es una lección que aprendí a la mala. En mi anterior trabajo hice “amigos”, que al final me dieron una puñalada por la espalda más de una vez. Lo bueno: despertó mi sexto sentido, así que tengan cuidado.

“Valórate”

En el tema de los chicos, mi madre siempre me dice que me valore, porque sólo así me valorarán. Y sabes que el tema del amor es muy complejo, ya que puede haber muchos corazones rotos. Con el paso de los años aprendes que debes tener amor propio, porque sólo así recibirás amor verdadero. Digamos que mi mantra es así: “Me amo, me valoro, me respeto. Quien no me ame, no me valore y no me respete se puede ir a la…”.

 “La vida te da lo que necesitas, no lo que quieres”

Este mantra es muy poderoso. A veces nos aferramos, me aferro, a cosas, situaciones y personas que por algún motivo ya no deben o pueden continuar en mi vida. Cuando eso ocurre, lo más importante es que aprecies tu presente, lo que estás viviendo ahora.