Todo lo que tienes que escuchar si eres una chica que ama decir groserías

A estas alturas de la vida, ¿qué persona no ama decir groserías? Sin duda resulta controversial escuchar a alguien hablar así. Los que decimos groserías creemos que expulsarlas fuera de nuestra boca resulta glorioso. Parece que nos liberamos de algo. El problema es que, a veces, quienes nos escuchan se molestan por el vocabulario que manejamos. Las cosas se ponen aún peor si las que dicen groserías son mujeres.

¿Eres de las que ama decir groserías?

Seguro entiendes de lo que hablo cuando digo que el hecho de ser mujer complica el asunto. La verdad es que no tengo idea de la fecha exacta en que surgieron las groserías o quién fue la primera persona en decirlas. Sin embargo, en sus orígenes se le atribuyeron solo a los hombres. Era bien visto que ellos las dijeran, pero en las mujeres jamás. ¿Cómo iba a ser posible que una damita dijera semejantes palabrotas?

“Eres una damita”

Tal vez es el argumento más común que escuchas. “Cómo es posible que siendo una mujer estés diciendo esas palabras”. O: “¿Qué diría tu madre si te escuchara hablando así?”. Y también: “¿Cómo puedes comer con semejante boquita?”.

“Pierdes tu atractivo”

Recuerdo que hubo en la época en la que las groserías estuvieron de moda. Se escuchaban las más comunes y otras que de verdad me dejaban sorprendida. No es que me espante, pues yo también digo groserías. Sin embargo, creo que en estas también hay categorías. Algunas llegan a lo más obsceno, mientras que otras pueden ser tomadas como las más light. La cuestión es que muchas de mis amigas terminaban diciendo groserías muy fuertes y a veces hasta los hombres se sorprendían.

“Nadie va a querer relacionarse contigo”

Seguro tu mamá o la gente más allegada a ti te dijo eso no una, sino muchas veces. “Nadie va a querer estar con una lépera” y “a ver quién te aguanta”. Muchos comentarios de ese tipo surgieron cuando las groserías se hicieron parte del vocabulario femenino.

“¿Con quién te juntas?”

Recuerdo que la primera vez que me escucharon decir groserías me preguntaron con quiénes me juntaba. Todo ese vocabulario lo adjudicaban a mis amigos hombres, cuando ellos no habían sido los culpables. La verdad eso era molesto, pues no todo lo malo siempre está relacionado al sexo masculino.

“¿Y tu educación?”

Una y muchas otras veces cuestionaban mi educación por el hecho de decir leperadas. La verdad es que sí, me encanta decir groserías. Sin embargo, sé muy bien en dónde, con quién y cuándo decirlas. Tampoco voy por la vida ofendiendo a todo mundo.

“Qué ejemplo le darás a tus hijos”

El hecho de decir groserías puede ser usado de muchas maneras. Hay quienes lo usan para ofender, otros lo usamos para demostrar felicidad. Hay quienes optan por decir groserías cuando están enojados, pero no con el afán de hacer sentir mal a otro. Creo que decirlas no tiene nada de malo, pero si hay hijos de por medio, lo menos que se puede hacer es explicarlas. Así ellos sabrán de qué hablamos y por qué es malo decirlas en ciertos sitios, como la escuela.