Tips para ganar dinero cuando aún estudias la prepa; a mí me funcionó

Si algo puedo presumir de la educación que me dieron mis padres es que me enseñaron el valor del dinero. Desde que era una adolescente tuve que ingeniármelas para ganar un poco más de dinero porque el presupuesto que me daban mis papás era reducido. Así que te voy a compartir un poco de mi experiencia para que puedas emprender de una forma divertida y muy a tu manera. Ganar dinero es de lo más fácil.

Cuándo empecé a hacer dinero

Recuerdo perfectamente un fin de semana en el que me encontraba dando vueltas con mis padres por una plaza comercial. En un aparador vi el bolso pequeño de mis sueños. Entré a la tienda a ver el precio para ver si podría convencer a mis padres para que me lo comprarán. Sin embargo, al ver que el precio era bastante elevado me decepcioné. Sabía que mis padres jamás pagarían esa cantidad de dinero por un simple bolso. Sin embargo, no iba a quedarme con las ganas. Mi entonces maestra de literatura nos repetía frecuentemente que los sueños realizados son para los que no se ponen límites mentales. Para mí, pensar que ese bolso era un sueño difícil de alcanzar no era algo factible. Pasé esa noche imaginando cómo me vería con el minibolso negro lleno de estoperoles. No sabía muy bien cómo lograría tenerlo ni de dónde sacaría el dinero. Todo se me revelaría al día siguiente.

Mis dibujos

 

Mi talento siempre ha sido el responsable de mi abundancia. En ese entonces estaba de moda ver anime, Sakura Card Captor, Sailor Moon, etc. Yo me la pasaba muchos horas del día dibujando personajes de todo tipo. Mis ilustraciones estaban pegadas sobre la paleta de mi escritorio. Y entonces, ese lunes, uno de mis compañeros se acercó a mí con la petición que empezaría mi pequeño negocio. Me pidió un dibujo de una chica de anime que le gustaba, así que fijé un precio, él accedió y le hice el dibujo. A partir de ahí la voz se corrió y en poco tiempo logré juntar una gama de clientes frecuentes. Chicas que buscaban dibujos para regalarle a sus novios y alguno que otro chico que quería un dibujo de su fantasía de anime para pegar en su cuaderno. Perdí el miedo a cobrar y comencé a pensar un poco más en grande.

El contrabando de dulces

Le conté a mi mamá lo que estaba haciendo y ella me dijo que debería ampliar mi gama de productos. Me dijo que me apoyaría para comprar algunas bolsas de dulces para ofrecer. Así comencé con bolsas de dulces y en un par de meses ya vendía hasta papas. La verdad es que eso estaba super prohibido en la escuela a la que yo iba, pero no había ni un solo soplón. De hecho, hasta los profesores me llegaban a comprar uno que otro dulce. En un par de meses logré juntar el dinero que requería para mi bolso. Ganar dinero se convirtió en algo super sencillo.

Pero no me lo compré

El bolso que tanto anhelaba ya no se encontraba a la venta en la tienda donde lo había visto. Me sentí un poco decepcionada cuando lo supe. Sin embargo, guardé ese dinero y esperé a que algo mejor se presentara ante mi vista. Mientras tanto, seguí con mi pequeño negocio y comencé a vender cosméticos.

Mi tía se enteró y me introdujo a su círculo de mujeres que venden por catálogo

Empecé a vender cosméticos y cremas de varios catálogos. Fue todo un reto para mí, pues tenía que ser más ordenada con el dinero. En una libreta comencé a escribir todos los pedidos para poder controlar el flujo de dinero que iba y venía. Claro que no era la gran cantidad de dinero, pero me sentaba genial para poder pagar mis gustos. Compraba lápices, papel de arte, libros, CD y alguna que otra prenda.

Vende de forma creativa

La clave de mi éxito en esos años fue pensar en mis compañeras y sus necesidades. Si bien vendía dulces y papitas que son la necesidad grasosa de toda adolescente, también comencé a vender cartas de amor, flores y chocolates en los días de San Valentín. Me aventuré en todo terreno, incluso en la decoración de uñas durante el receso. En ese entonces no existían cosas tan sofisticadas para decorar uñas. Contaba con un kit de esmaltes de muchos colores y una aguja. La que usaba para dibujar sobre las uñas de mis compañeras.

Siempre hay formas de ganar dinero extra en la escuela o mientras trabajas. Recuerdo también que mi titulación surgió de la venta de pasteles, el que llamamos. Apenas estaba ganando mis primeros salarios y no quería que todo mi dinero se fuera en trámites de titulación. Así que reservé un poco de dinero de mi chamba y comencé a elaborar postres los fines de semana. Le ofrecí pasteles a quien se dejara. A mis vecinas, por FB, incluso a la salida de un gimnasio. Tardé poco más de dos meses para conseguir la cantidad total de mi titulación. Mi padre sigue burlándose de ese papel sobre la pared construido a partir de pasteles de chocolate. No hay truco para vender, es creatividad, ganas, energía y creer que puedes.