Toda mamá que encuentras en tu camino te ha dicho que la maternidad es fabulosa, que los hijos son el mejor regalo de la vida y blah, blah, blah. La verdad es que yo me arrepiento de ello. Sí, puede que quieras crucificarme luego de leer esto, pero es la verdad. Creo que la peor decisión que pude tener fue esa: dejar mi vida de lado por dedicarme a cuidar de mis hijos. ¡En fin!
Extraño mi vida

Antes de tener hijos, podía disfrutar de mi vida y de mi cuerpo de la manera que mejor me placiera. Si quería vivir de fiesta en fiesta por tres días seguidos no había ningún problema ni culpa que me lo impidiera. Podía incluso no llegar a casa y no había problema tampoco. Si un día llegaba a casa luego del trabajo y tomaba mis maletas para salir sin rumbo fijo, también estaba bien. Solo era yo contra el mundo y eso era cool. Si hablo de mi cuerpo, lo mismo puedo decir. Extraño el cuerpo que tenía antes de tener hijos.
Todo cambió

Mi cuerpo dejó de ser el mismo luego de tener dos hijos. Las marcas en mi cuerpo hablan de esas batallas que he tenido que vivir durante los embarazos y con sus llegadas. Antes me sentía la mujer más atractiva del mundo y sabía que podía ligarme al hombre que quisiera sin problema alguno. Ahora, con los cambios que ha sufrido mi cuerpo, sé que no cualquiera podría sentirse dichoso de verme desnuda (sí, ya sé que ese rollo tiene más que ver con mi mala autoestima).
¡Dónde diablos quedó mi privacidad!

Me arrepiento de tener hijos porque he dejado de saber lo que es privacidad. Ya no voy al baño sin tener que estar escuchando vocecitas de seres que me piden esto o aquello. He dejado de saber lo que es meterte a bañar con la puerta cerrada y tardarte más de 45 minutos bajo el agua. Lo mismo sucede si quiero salir con mis amigas a tomar un café. Puedo hacerlo, pero ya no de la misma manera. Si salgo con mis amigas y mis hijos, sé que no disfruto de la misma forma la velada porque debo estar más atenta a las necesidades de mis hijos.
Los quiero pero…

No voy a negar que me gusta compartir con mis hijos esto o aquello, pero la verdad es que eso no es suficiente para mí. Tal vez soy tan egoísta, que deseo solo mi propia felicidad. Quizás por eso me arrepiento de haber tenido hijos. Porque sé que ahora con ellos, jamás volveré a ser la misma mujer libre e independiente que era. Ahora hay dos seres que dependen de mí y por los que voy a velar cuando estén enfermos, cuando lleguen noche por andar en parrandas.
Me arrepiento de las decisiones

Creo que la decisión de la que más me arrepiento es justo esa: haber querido tener un hijo y luego otro. En el momento en el que lo pensé, no había tomado consciencia de lo que implicaba ser madre. El único consuelo que me queda es saber que no soy la única mujer que se arrepiente de ello. Sé que muchas otras también se dan de topes como yo y darían lo que fuera porque sus vidas fueran diferentes. Desearían no haber tenido hijos para hacer todos esos planes que a lo mejor no se truncaron, pero que no se podrán hacer de la forma que hubieran deseado. Lo curioso es que pocas nos atrevemos a decir eso: “me arrepiento de tener hijos”. Muchas mujeres que sienten lo mismo, jamás lo dirán por miedo, por culpa o temor.
¿Tú te arrepientes?