Hermanas que en vez de apoyarse se convierten en rivales

Tener una hermana ha de ser algo grandioso, bueno, al menos eso creo yo. Me refiero al hecho de tener a alguien del mismo sexo que tú, con quien compartir tus aventuras o decepciones amorosas. Yo, por ejemplo, tengo hermanos, pero todos son hombres. Sí, es grandioso, pues me cuidan y ven por mí de una manera diferente. Sin embargo, a pesar de la buena relación que entablamos, no tengo a esa cómplice con quien hablar en otro idioma. Creo que por lo mismo de que no cuento con esa experiencia, he de creer que una relación entre hermanas siempre será grandiosa. Jamás imaginaría ver a mis hermanos como rivales. Por desgracia, ahora sé que es algo que sí puede suceder.

¡Oh por Dios!

Tranquila, no estoy diciendo que la relación con mis hermanos se haya vuelto caótica. La verdad es que debo reconocer que las relaciones familiares no son perfectas. Ya sea con los hermanos, tíos o con los propios padres, siempre puede haber un pequeño roce o divergencia de opiniones. Lo importante es saber que a pesar de cualquier problema o de tener un punto de vista diferente, mientras haya amor verdadero la familia puede salir a flote. Se complica cuando alguno de los padres genera ciertas rencillas entre los hijos, haciendo que estos se vean como rivales, más que como hermanos.

¿Amor o rencor?

Como dije, por la experiencia que tengo con mis hermanos, creí que siempre triunfaba el amor entre hermanos. Hace unos días viajaba en el transporte público, cuando escuché a una chica que hablaba por teléfono con alguien. Esta chica iba mandando notas de audio, pero lo que llamó mi atención fue el tono en el que decía las cosas. Parecía que quería que todos nos enteráramos de lo que iba diciendo. Al principio, pensé que le reclamaba a una amiga. Luego de varios reclamos, dejó en claro que a quien se dirigía era a su hermana y no a una amiga cualquiera. De entre todo lo que le dijo, recuerdo “el problema es que tú siempre me has visto como tu enemiga. Siempre me quieres quitar todo lo que yo logro y cuando obtengo algo nunca te sientes feliz por mí. Yo seré esto o lo otro, pero al menos no me llevo entre las patas a mis hijos”. Todo lo que escuchaba me dejó sorprendida y a la vez me hizo recordar un caso similar muy cercano a mi familia.

Mamá tuvo mucho que ver…

Entre los parientes que tengo, hay unas tías que (hasta donde yo recordaba) se llevaban muy bien. Cada vez que íbamos de visita a su casa, cada una andaba en su rollo. A la hora de la comida todos podíamos convivir con tranquilidad y sin problema alguno. Así fue por mucho tiempo hasta que un día, de la nada (eso creía yo), noté que unas de las hermanas ya no se hablaban. Se me hizo extraño porque si son tu familia, no te alejas sin motivo alguno. Pasó ese día y en otras ocasiones que les vi, sucedía lo mismo.

Al principio, parecía no ser tan evidente el problema, hasta que llegó un punto en el que tal vez se habían cansado de actuar y dejaron ver la verdadera situación. Se veían como verdaderas rivales y cada vez que podían, parecía que peleaban por la atención de mamá. Señoras de más de 40 años buscando la aprobación de mamá. Fue algo muy complejo y extraño, pero luego, sabiendo un poco de la historia comprendí mejor la situación. Cuando eran más chicas, mamá se había enfocado en darle todo a la más chica. (Para variar, las rivales eran la hermana más grande y la más chica). La mamá se preocupó más porque nada le faltara a la menor, dejando de lado a la hermana mayor y a los otros hijos.

Cada uno decide

Sí, entiendo que ver que mamá se enfoque más en uno de los hijos ha de ser complicado. Puede ser que crezcamos con varios traumas o problemas emocionales desencadenados por esa situación. La cuestión es que una vez que crecemos, nosotros tenemos el poder de decidir si queremos que la mala experiencia siga afectándonos o no. Si crecemos y seguimos con rencor hacia nuestros padres, o hacia cualquier persona, los que estamos mal somos nosotros. Aprender a perdonar no es sencillo, pero hacerlo nos libera del rencor y de la inmadurez. Una vez que decidimos tomar las riendas de nuestra vida y hacer algo para mejorar nosotros y nuestra vida, todo se ve desde otra perspectiva.

No vale la pena ser rivales

Tener rivalidad con otra persona solo hará que saques la peor parte de ti. Te desgastarás buscando ser siempre mejor, pero ni siquiera por estar bien contigo; lo harás porque necesitas tener la aprobación de otros y demostrarles que eres mejor que alguien más. La vida se trata de que disfrutes y hagas lo que haces por amor, no por competir con otro. ¿Qué estás esperando para vivir de verdad?