En la actualidad, vivimos con la idea de que éxito trae la felicidad. Los padres hacen todo lo posible porque sus pequeños siempre tenga una ventaja sobre los demás. Es decir, no es suficiente con que vaya al colegio, por las tarde los inscriben al curso de inglés, matemáticas y cualquier otro que represente una ventaja. Sin embargo, toda esta presión, que piensan es por su bien, termina arrebatándoles su infancia y crea a adultos emocionalmente afectados. ¡Enfócate en que tus hijos sean felices, antes que mejores!
Presión innecesaria

No crees en tu hijo expectativas demasiado altas para su edad. La infancia es una época de alegría y diversión. Un etapa en la que aprendes jugando, y un niño así la debería recordar. Te sugiero que lo dejes aprender a su manara, y si se equivoca explícale cual fue su error y porqué debe aprender de él, pero no lo regañes. Deja que “pierda” el tiempo con su amigos y que use su imaginación. No le arrebates su infancia.
Semilla del fracaso

En este afán de tu hijo sea el mejor, siembras de forma inconsciente la semilla del fracaso. Alentarlo o, peor aún, presionarlo de forma exagerada, en un futuro, provocará que no sean un adulto independiente y mucho menos emprendedor. Nunca se arriesgará a nada por miedo al fracaso, porque aprendieron a tener el control sobre todo.
Lo importante es el resultado

Si las palabras “no me importa cómo consigas un diez, pero quiero ese diez” a menudo se la dices a tu hijo, cuidado. Si te centras en el resultados más que en el esfuerzo, el niño perderá la motivación para llegar a ese diez. Tal vez tu hijo copie en el examen, por ejemplo, para obtener esa calificación pues lo importante es la nota, no cómo llegó a ella. Además, pierde el interés por el camino y deja de disfrutarlo.