El fin de ciclo escolar (durante la pandemia ) hizo darme cuenta que en verdad soy una buena mamá

Esto de la pandemia vino a dejarnos muchos aprendizajes. Debo reconocer que en un principio pensé que las cosas serían sencillas. Aunque bueno, para ser sincera, el simple hecho de ser mamá no es nada sencillo, sino todo lo contrario. Ese será tema de otro artículo, en este momento me enfocaré en el ciclo escolar que vivimos durante la pandemia.

Mi hija vive conmigo

Su padre y yo nos separamos y por cuestiones legales ella vive conmigo. Por ende, ella pasa más tiempo conmigo, aunque dadas las circunstancias tuvimos que equilibrar el tiempo para poder enfocarnos en nuestros trabajos y a la vez, poder estar con ella en sus clases. Sí, tal vez fue un ciclo escolar menos pesado porque no eran tantas horas de clase ni todos los días, pero aún así involucraba un compromiso que no debíamos pasar por alto.

Pasó algunos días con él, mientras estaba en clases, pero casi todo el ciclo yo me convertí en su maestra, por así decirlo. La ventaja es que me gustaba explicarle las cosas y recordé muchas otras mientras tomaba las clases con ella. El verdadero problema fue toda la montaña rusa de emociones por las que he estado pasando desde que comenzó la pandemia.

A veces bien, a veces mal

Entre mi trabajo, las clases de la escuela y sus clases extra para que estuviera activa, mi agenda estaba repleta de actividades. De nada me servía mi agenda o poner alarmas en el teléfono para recordar todo lo que tenía que hacer día con día. Tuve que poner un pizarrón y pegar notas en diferentes partes de la casa para tener presente cada cosas que necesitaba hacer en la semana. Las primeras semanas sentía que podía con todo, incluso hasta me metí a clases para mí. Todo iba muy bien, pero conforme pasaban las semanas, me iba sintiendo cansada y triste, pero nadie lo sabía.

Qué está pasando conmigo

No sabía qué era lo que pasaba, no sabía cómo me sentía con todo lo que estaba pasando. Sí, he disfrutado cada momento con mi hija y he aprendido a conocerla mucho más, pero a veces sentía que ni siquiera eso era suficiente para que me sintiera bien conmigo. De hecho, ya nada me hacía sentir bien. Dejé de hacer ejercicio, dejé de dormir temprano, dejé de querer hacer todas las cosas que disfrutaba. Sólo quería dormir y llorar. Tan mal estaba que olvidé cosas del trabajo, olvidé cumpleaños de amigos, olvidaba contestarle los mensajes a mi madre. Sí, me estaba olvidando de todo y de todos. Lo único que trataba de no olvidar era lo referente a mi hija y todo lo que la involucrara.

Fin de ciclo escolar

Ahora que ha culminado el ciclo escolar, me doy cuenta que a pesar de la montaña rusa en la que he vivido, como mamá puedo decir que soy buena. He visto todo lo que mi hija aprendió y logró durante el ciclo y eso me hace sentir bien. Me hace darme cuenta que a pesar de todo lo malo que he tenido o sentido, siempre haré lo mejor para mi hija.