Es cierto, cuando alguien miente de forma repetida deja de tener una respuesta emocional ante su propia falsedad. De esta manera ante la ausencia total de sentimientos, el mentir se vuelve mucho más sencillo. De hecho, los neurólogos han llegado a la conclusión de que el cerebro de un mentiroso funciona de una forma super diferente, ya que está entrenado para este fin.
La mentira es una habilidad

Sí, una capacidad como cocinar, cantar o incluso maquillarte bien. Mentir de forma convincente es una habilidad que se consigue con la practica. De hecho, algunas personas lo practican a diario. Muchas se sorprenderían al saber que mentir diariamente provoca la desensibilización progresiva en el cerebro. Mentir se convierte en un estilo de vida. Para que este proceso se lleve a cabo en tu cerebro no es necesario decir grandes mentiras. Sin embargo, gracias a esta adaptación, con el tiempo, las mentiras dejan de doler y se es capaz de engañar a cualquier persona a sangre fría.
La amígdala en el cerebro de un mentiroso

La amígdala es la parte de tu cerebro que da respuesta a todas tus emociones. Esta estructura cerebral se entrena con cada mentira dando la señal de no sentir culpa, se crea tolerancia y es por ello que no existe ningún tipo de reacción emocional. Cuando una persona miente frecuentemente no siente remordimientos ni tampoco preocupación. Somos seres moldeables. De hecho, las personas mentirosas tienen 14 % menos de sustancia gris y 26 % más de materia blanca. Es decir, que el cerebro de un mentiroso establece más conexiones entre sus recuerdos e ideas. Esa conectividad le da consistencia a sus mentiras y le un acceso más rápido a las asociaciones.
Lo más grave de las personas mentirosas es que no solo mienten a los demás, sino a ellos mismos. Poco a poco dejan de ser consientes de las consecuencias de sus actos.