Bien dicen que la rutina es mortal, ya sea para tu vida o en una relación amorosa. Se le dice rutina porque es una conducta que se hace de manera repetida. Por ejemplo, cuando voy al trabajo sigo una rutina. Salgo de casa, tomo el transporte público, llego al trabajo, hago las actividades diarias. Luego, como y después sigo trabajando hasta que llega la hora de salida. Tomo un nuevo transporte y llego a casa. Con el paso de los días, hacer lo mismo resulta tedioso. Lo mismo sucede en el ámbito sexual. Tener intimidad con la pareja es bueno, pero debes saber hasta qué punto puede ser considerado como rutina sexual.
El sexo y tú

Una vez que inicias tu vida sexual, empiezas a conocer una nueva faceta de ti. Eso me pasó, empecé a descubrir lo que me gustaba y lo que no. Supe de sensaciones en mi cuerpo que de verdad me resultaban satisfactorias. Aprendí que hay posiciones con las que puedes practicar sexo con tu pareja. Algunas las probé y otras no, creo que también influía mucho la persona con la que estaba. Si era alguien apasionado y atrevido, no tenía problema en probar nuevas técnicas o posturas conmigo. En caso de que fuera alguien más reservado, terminaba preguntándome “¿por qué quería hacer algo nuevo”? “Que si no me sentía cómoda con lo que hacíamos”.
Rutina sexual, ¿buena o mala?

Hablando con una sexóloga, me dijo que la rutina sexual es buena hasta cierto punto. Cuando inicias una relación con alguien, la rutina te ayuda a saber y a conocer lo que le gusta al otro. Vas aprendiendo cómo hacerlo para que goce. Funciona de la misma forma contigo, pues recibes lo que te gusta. El problema es que seguir una rutina por mucho tiempo puede hacer que la llama de la pasión se vaya apagando. Seguir una rutina limita la imaginación y se va cayendo en el aburrimiento.
Aprendiendo a la mala

Luego de cumplir varios meses con la misma pareja y de seguir la misma rutina en la cama, la relación entró en una fase de peligro. Al principio no sabíamos cuál era la causa de la rutina sexual. Pensamos que simplemente era el fin de nuestra relación. Sin embargo, antes de despedirnos para siempre, decidimos acudir a terapia. Ya con el experto, hablamos de lo que hacíamos en la casa, al salir y en la cama. Resultó un poco penoso, pero ahí fue donde nos dimos cuenta que la cama nos estaba dañando. Más bien, el hecho de hacer siempre lo mismo en la cama, era lo que estaba generando ese distanciamiento entre nosotros.
Probando nuevas cosas

Decidimos leer e investigar sobre otras posturas, juguetes y todo lo que le diera un toque de aire fresco a la relación. Fue un poco penoso ir por primera vez a una sex shop, pero ahora somos clientes frecuentes. Las chicas nos ayudan y orientan y cuando sale algo nuevo, somos los primeros en saberlo. Por fortuna pude salvar mi relación y salir de la rutina sexual.
¿Te atreves a probar experiencias nuevas en la cama o esperas que la relación se vaya al hoyo para hacerlo?