7 cosas que solo experimenté hasta que me convertí en mamá

Cuando me convertí en mamá experimenté una de las mejores vivencias que he tenido. Mucho me habían comentado al respecto, pero nada se parece a esas palabras. La realidad ha sido mejor a todo lo que he vivido, aunque a veces sea un poco complicado.

No vuelves a dormir tantas horas seguidas

Tener hijos, sea uno, dos o más, implica que jamás volverás a dormir de la misma forma. Durante los primeros meses es porque el bebé se está adaptando. También puede deberse a que está enfermo o tiene pesadillas de infancia. Incluso, cuando los hijos crecen, el descanso jamás vuelve a ser el mismo, pues nos preocupa su bienestar en todo momento.

Olvidas a qué sabe la comida caliente

Cuando me convertí en mamá olvidé lo que significaba disfrutar la sopa caliente. Muchas veces me propuse comer a la par de mi bebé, pero eso jamás fue posible. Ya cuando mi hijo comía solo, intentaba sentarme junto a él para acompañarlo. Sin embargo, siempre hubo momentos en los que no quería probar bocado o se le caía la comida y tenía que ayudarle. Entonces, jamás pude lograr mi cometido de comer junto con él. Tuvieron que pasar alrededor de cinco años para que volviera a comer un plato de comida caliente.

Tus duchas duran menos de 5 minutos

Con hijos hay muchas cosas que debes dejar de hacer tomándote todo el tiempo del mundo. Aprendes a hacerlo de manera rápida y efectiva. Al principio me costó mucho trabajo, pues tenía costumbres diferentes. Poco a poco y con la práctica, logré que mis duchas se redujeran de 10 minutos ¡a solo tres y medio! Parece broma, pero es verdad, con hijos no puedes perder el tiempo, porque podrían estar en peligro.

Cabello recogido, ¡siempre!

Si te gusta traer el cabello suelto, olvídate de él en cuanto te conviertas en mamá. Ya sea porque tu bebé vomita y necesitas limpiarlo, o porque avienta la comida y puede quedar hecho un caos. El simple hecho de tener que andar tras de él puede complicarse con tu melena suelta. Lo mejor es traer tu cabellera corta o en trenza. A veces resulta más práctico para hacer tus actividades cotidianas.

Tenis y sandalias son lo mejor

La comodidad debe ser tu mejor aliada, así que es mejor andar de zapatos bajos. Olvídate de las zapatillas o wedges, porque podrían complicar el asunto. Recuerdo que cuando mi hijo empezó a caminar, yo siempre andaba de tenis para poder ir tras él sin ningún contratiempo. Cuando me convertí en mamá comprendí que mis mejores amigos serían los jeans y tenis, y que eso no era pretexto para no lucir bien.

¿Cama tuya o del bebé?

Dormir con el bebé resulta muy placentero, pero ¡cuidado! Con el paso del tiempo tu pequeñito podría adueñarse de la cama, y a partir de ese momento será de él y no tuya. Sin embargo, a pesar de esa lucha, pueden pasar momentos muy divertidos y únicos que fortalecen la relación.

Tu celular tiene más fotos y apps de tu hijo

Muchas cosas parecen ser tuyas pero se convierten en pertenencias de tu hijo. Ya sean tus labiales, tus accesorios o tu teléfono. Si checas tu celular notarás que las aplicaciones que tienes o tu galería de fotos, están llenas de contenidos de tu pequeño.