Porque me arrepiento de haberle propuesto matrimonio a mi esposo

Quisiera que mi yo pasado pudiera haber tenido este conocimiento. Creci en una casa con una madre divorciada y una tía extremadamente feminista. No quiero decir que la falta de mi padre me afecto de más, pero la realidad es que así fue.

Cuando fui mayor sabía solo dos cosas:

Cuando llegué a la edad adulta, sabía dos cosas: 1) Nunca me casaría a menos que tuviera hijos, y 2) El divorcio nunca sería una opción. Mi madre tuvo un divorcio particularmente desagradable cuando yo era muy joven y juré nunca repetir su historia. Para mí fue todo o nada.

Fue así que mi razonamiento al tratarse de parejas no era el más adecuado. Mi pareja y yo llevábamos más de una década juntos y ahora llevamos 5 años casados. Mi relación fue algo diferente a lo que debería ser. En vez de alquilar un departamento para ver como funcionábamos juntos, fuimos directo a buscar una hipoteca. Sin querer los anticonceptivos nos fallaron y tuvimos a nuestro primer hijo, fue ahí cuando decidí que ya era hora de compartir los tres un apellido. Entonces le propuse.

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Y desde entonces, me arrepiento de proponerle matrimonio a mi marido.

Una noche, después de haber bebido mucho vino le expuse mi preocupación por tener una seguridad financiera, un aniversario y básicamente papeles para nuestro bebé. Cuando mi pareja dijo que sí, sentí una breve oleada de entusiasmo por tener una boda.

Usaría un vestido sin tirantes, escribiríamos nuestros votos y arrojaría un ramo de hermosas hierbas y flores silvestres que cultivé yo misma. Tendríamos una linda aventura durante la luna de piel . Todo miel sobre hojuelas, tan romántico y fuera de toda realidad.

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La realidad llamo a la puerta

Las exigencias de la paternidad y una hipoteca me quitaron la oportunidad de tener una boda decente. Me encontré en la disyuntiva de tener una elegante cena buffet o comprar un nuevo calentador para la casa y créeme cuando te digo que necesitaba ese calentador. Así que terminamos teniendo una pequeña ceremonia en casa. Más corriente que tradicional. con uno de nuestros mejores amigos semi ebrio pro su reciente divorcio tomando fotos borrosas. Con un juez mal encarado en la sala y un bebé llorando en la habitación de al lado. La comida de mi boda fue pizza y una rebanada de pastel.

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Cuando reflexiono sobre cómo sucedió que mi título cambió de Sra. A Sra., No puedo evitar sentir arrepentimiento.

Claro, los eventos que se desarrollaron son cómicos en el mejor de los casos (y tal vez un poco tristes en el peor de los casos), pero mi esposo y yo tenemos un matrimonio fuerte, ¿y no debería ser eso en lo que enfoco mi corazón? ¿No es nuestra sólida relación la parte de esta historia que más importa? No obstante si pudiera hacerlo nuevamente, esperaría a que el me propusiera matrimonio. Quizás hubiera tenido una mejor experiencia en mi boda.

Pase una vida con opiniones muy arraigadas y feministas sobre el romance. Declarando que tener una boda no valía mucho la pena y al final me di cuenta que puedo seguir siendo feminista n un vestido color marfil con un velo y hermosos botones de perla en la espalda.