Últimamente la vida nos ha dado muchas lecciones de golpe. No digo que la vida antes de eso fuera fácil. Nunca ha sido fácil, de una u otra manera siempre nos da señales para que aprendamos. Podemos crecer o estancarnos con todas esas señales, pero es un hecho que están presentes todo el tiempo. En mi caso particular, he tenido que lidiar con el diagnóstico positivo de COVID de mis padres y mis hermanos. Cuando me notificaron esa situación, sentí que el mundo se venía sobre mí. Quería gritar y aventar todo. ¿Cómo era posible que toda mi familia se hubiera enfermado si casi no salen de casa? No son gente que aprovecha que ya está abierta la plaza para ir a hacer compras para la época. Tampoco pasan tanto tiempo haciendo sus compras. Sólo salen por lo necesario y regresan a casa con las medidas necesarias de cuidado.
Por si fuera poco…

Los días se me hacían eternos porque yo quería ir a ver a mi familia y ayudarles en todo lo que fuera posible. Sin embargo, como tengo dos hijos, mi familia no estuvo de acuerdo en que fuera a su casa. Obviamente querían mi apoyo, pero a la vez no querían ponernos en peligro a mis hijos y a mí. En esos momentos me sentí realmente impotente de no poder hacer nada más que esperar. Como todos estaban guardados esperando que pasara la enfermedad, no podían salir a hacer compras ni nada. Así que esa fue mi misión, iba a hacer sus compras y se las dejaba en la puerta. Les llevaba todo lo que necesitaban y así fue durante varios días. Cuando las cosas parecían ir mejor, pasó lo menos esperado… Mi madre se fracturó un brazo.
Cómo era posible tanta desgracia en la familia

Me sentía con la peor suerte del mundo y por si fuera poco, tenía también mucho enojo. Mis padres estaban enfermos y además, mi madre estaba con un brazo roto. Fue llevada al médico y la atendieron por fortuna rápido. Aun con eso, yo sabía que iban a venirse días y meses complicados, porque mi madre no podría hacer muchas cosas por sí sola. El escenario era desalentador, porque yo no podía estar ahí. Al menos tenía que esperar a que todos mejoraran para saber que ya no corría peligro alguno de contagiarme.
Durante todo este tiempo…

Mis padres me pedían fortaleza, al igual que mis hermanos y que mi familia propia. Era el único eslabón que seguía fuerte para poder levantar a toda la familia. Sin duda iba a hacer todo lo necesario para que mi gente estuviera bien, pero poco a poco el cansancio se apoderó de mí. Aunque no podía estar ahí, el hecho de ir y venir, de correr al hospital cuando pasó lo de mi madre, la angustia de ver que a veces por causa del COVID mi familia se agravaba, todo eso era desgastante. Ya no rendía igual en el trabajo, tampoco con mi familia y tampoco con mis padres. Poco a poco el cansancio se apoderaba de mí y ya no sabía qué hacer para poder continuar.
Por fortuna mi familia fue mejorando poco a poco y pudieron comenzar a hacer más, para que no se me cargara la mano a mí sola. Yo entendía que me pedían que me mantuviera fuerte para poder salir adelante. También lo hacían para que no me bajaran las defensas y me enfermara también. De verdad, lo hice por varios días y semanas, pero estaba llegando al colapso. Ya no podía más y sólo quería tirar todo por la bordad. Por fortuna no lo hice y poco a poco volvemos a ver la luz de la esperanza.